Te miro mirar

viernes, 28 de diciembre de 2012

PELUCA RECOMIENDA: LIBROS 2012 (SEGUNDA PARTE)


80 Poemas y Canciones
Bertolt Bretch
Adriana Hidalgo

Quizás lo conozcan por hits como “Elogio del estudio” o “Preguntas de un obrero que lee”. Quizás tuvieron una novia marxista que les leyó “Nuestras derrotas no demuestran nada” o “A los que vendrán”. Quizás lo ubiquen por su lado B: el teatro.
¿Que su poesía nos suena anacrónica? Puede ser, a veces, sí.
¿Nos sorprende igual? Seguramente, con certeza, cómo que no.
Porque aunque cambien algunos nombres el enemigo es siempre (masomenos) similar. Porque ser buen tipo siempre significará (masomenos) lo mismo. Porque las dudas existenciales son siempre (masomenos) idénticas.
La edición de Adriana Hidalgo (ya manifesté mi fanatismo hacia la editorial en la edición 2011) es garantía de confianza, y tiene a pie de página las poesías en su versión original, alemán. Hoch qualität!
Van de bonus track dos que no conocía para nada y me gustaron mucho:

DILUVIO

Siete veces
pasas sin ver.
A la octava
condenas sin mirar.

VIAJABAMOS EN UN COCHE COMODO

Viajábamos en un coche cómodo
por una ruta lluviosa.
Y vimos a un hombre harapiento cuando ya caía la noche.
Con profundas reverencias nos hacía señas de llevarlo.
A nosotros nos esperaba un techo y teníamos lugar y pasamos
               de largo.
Y oímos como yo decía con un tono amargo: no,
no podemos llevar a nadie.
Mucho más adelante, quizás a un día de marcha,
repentinamente me asusté de esa voz mía,
de aquel comportamiento mío y de todo
este mundo.

Encuentros (el lado B del amor)
Gabriel Rolón
Planeta

Debo reconocer que lo agarré con más de un prejuicio encima. No debido a Rolón, que me cae bien y me parece un gordito copado con buenas intenciones (siempre que uso esta expresión los demás la leen negativamente, como un “quiere pero no le da”. Pero yo digo: tener buenas intenciones…¿no debería ser lo más importante?).
Mis prejuicios, supongo, pasaban más por una cierta desconfianza que me generan los debates sobre el amor, ese tratar de desglosarlo, de entenderlo.
Me equivoqué. Porque el libro de Gabi, nos deja con más incertidumbres que certezas. Casi que angustia, te diría. Por momentos, da la sensación de que hasta él mismo se excusa por no haber escrito ese otro libro, el de los amores lindos que todo lo pueden. Casi que se disculpa por no decirnos que con amar es suficiente, que el amor dura para toda la vida, que cuando uno ama es fiel. Derriba mitos a lo loco y hace pensar cosas más lindas y cosas más feas, pero siempre interesantes para preguntar(se).
En el medio explica unas cuantas nociones de psicoanálisis, pero sin quemarte la gorra. Un popurrí, como para que uno tenga una cierta idea de los mecanismos que anidan nuestras cabecitas locas.
Lo más lindo de Rolón es que es un tipo que (y eso lo hace buen psicólogo o viceversa) no censura. Deja múltiples posibilidades abiertas y recalca todo el tiempo algo así como que “cada uno tiene sus métodos, cada uno es feliz como le parece”.
No llega a cansar y ese es un gran mérito para un libro que habla y trata de analizar temas difíciles y, muchas veces, dolorosos.
Además, después de leerlo, podés citar frases o análisis del libro y quedás como un inteligente emocional (¿?).

Los hijos de los días
Eduardo Galeano
Siglo XXI

Los que amamos a Eduardo no somos objetivos.
Como todo amor exacerbado, se nos hace imposible serlo. Y él, como todo objeto de amor exacerbado, hace todo el tiempo lo posible para que no podamos dejar de amarlo.
Así como él escribe este libro contándonos (con Eduardo siento eso: que él me cuenta a mí, que le narra particularmente a mi persona) una historia todos los días, podríamos decir un motivo por el que lo consideramos tan genial, un motivo por día.
No es el libro de él que más me gusta, claramente. Pero sigue dando cátedra de principios, de ética, de ternura, de amor a la vida y de poesía.
¿Sigo?

Mitre
Federico Jeanmaire
Seix Barral

Había leído otras novelas antes. "Más liviano que el aire" me pareció pésima. Lo empecé a querer con "Vida interior". Se consagró nuestra unión con "Paises Bajos".
"Mitre" es mi preferida. Porque hay trenes (uno de ida y uno de vuelta) y porque tiene personajes queribles y perturbados. Porque tiene algo de cosa de barrio que cautiva y porque es bastante-bastante delirante por momentos. Lo más delirante del hombre de Baradero que leí hasta la actualidad.
Lo que me preocupa es que, según mis investigaciones, he ido de sus libros más nuevos a los más viejos,  y aumenta mi interés cuanto más se alejan del presente. ¿O sea que cada vez me gustará menos? Por suerte, tiene muchos más que puedo seguir degustando.
Consejo: No lo escuchen hablar, porque la magia se derrumba. Leanlon
Mitre, una road novel. Se lee rápido y fácil. Y, como los buenos viajes, deja con ganas de un poquito más.


¡Por un 2013 con muchos momentos felices y muchos libros más!

sábado, 22 de diciembre de 2012

PELUCA RECOMIENDA: LIBROS 2012 (PRIMERA PARTE)


Aclaración: Los siguientes libros NO fueron publicados en el transcurso del año 2012, sino que la recomendadora los leyó en el transcurso del mismo.

En esta nueva entrega de Peluca Recomienda Edición Final 2012, cinco libros de cuentos, seis otros y una novela (porque no leo mucha novela, vió?)     
Si, señor lector, créase o no, la selección suma doce. ¿Coincidencia?

Amor ciego
V.S. Prichett
La bestia equilátera

Genial-confusa portada la de este libro. Genial editorial La Bestia Equilátera. Un poco complicados de conseguir sus libros, depende en qué lugar del planeta te encuentres.
VeEse es un señor de otro siglo, y un poco de otro mundo. Como explica la nota que les recomiendo tengan a bien leer, y como bien dice el mismo Pritchett en su autobiografía: “Me convertí en un extranjero. Porque eso es, para mí, un escritor: un hombre que vive al otro lado de una frontera”.
Será por eso que uno también se siente un poco extraño, algo ajeno o alejado cuando lo lee. Lejos de este mundo, un poco el que nos inventamos o nos hicieron creer. Más cerca de aquel, el misterioso, el inasible, el incomprensible, el que nos llena de interrogantes.
Por contraposición, su forma de escribir es clara y, ese adjetivo horrendo pero que me sirve mucho en este momento, llevadera. Su forma de escribir conduce a una velocidad pareja por una ruta tranquila, mientras vemos de ambos lados de la banquina situaciones conocidas transformarse en extraordinarias.

Cuentos Completos
Abelardo Castillo
Alfaguara

A veces nos pasa con las bandas. Sabemos que suena bien, le gusta a algunos amigos, los temas que conocemos nos caen simpáticos, los músicos son unos maestros. Y sin embargo…no tenemos un solo disco de ellos. Puede ser pereza, casualidad, falta de interés suficiente, miedo a la decepción, o ninguna de las anteriores. Puede ser que simplemente no se dio.
Algo así me pasó siempre con Castillo, una especie de Indio Solari de las letras (y quizás de ahí venga la comparación anterior con la música, ahora que lo pienso). Es ídolo de multitudes, sus fanáticos lo recontrabancan, lo rodea un aura de misterio, no da nunca notas (las pocas, tan interesantes como ésta, del año pasado, que ya casi es anteaño pasado), parece decir siempre verdades (de esas que uno se queda pensando “¿es lo que dice o la manera en la que lo hace?”), muy representativo de una época (los sesentas), estuvo en todo y con todos, etc, etc.
Sus cuentos completos reflejan todas estas características  y un hermoso talento para compartirnos (por suerte), lo que él llama “Los mundos reales” :  historias casi fantásticas, inquietantes, difíciles, casi siempre barnizadas de melancolía. Como la vida  misma.

Antártida
Claire Keegan
Eterna Cadencia

Otra editorial que banco cada día más, aunque la tapa no dice absolutamente nada.
Me lo presta mi madre y me dice que le gustó. Banco el gusto de mi madre, le tengo una cierta confianza. Mi madre no se equivoca en prestarme este libro tan de madres.
Claire Keegan será, si ya no lo es, una escritora de culto. Tiene todo para serlo: un inicio en las letras  (según ella) casi casual, una escritura inquietante, la habilidad de exponer historias crueles sin golpes bajos, un estilo carveniano pero en modo minita, una cara misteriosa y nacionalidad irlandesa (y todos sabemos que los irlandeses son gente particular).
Digo lo de madres porque en sus cuentos la presencia de la mujer es muy importante, tanto que la mayoría de ellos son relatados por una voz femenina  tan débil como valiente. Y la figura de la madre se repite sufrida, al borde de perder la razón, llena de amor y de tristeza.
Le tengo muchas expectativas a Claire, espero que no nos decepcione.

Nueve cuentos
H. D. Salinger
Edhasa

Otro nombre de renombre al que, curiosamente, nunca había leído y que se consagró de culto hace rato. De tradición maldita, lo presumía crudo. No me equivocaba.
Lo más lindo de Salinger es que su crudeza nunca pierde esa especie de superficialidad que la hace soportable. Salinger es sutil. Escribe y se desentiende, como si dijera “yo lo dije así, ustedes entiendan hasta donde el corazón les soporte”. Siempre es bueno encontrar autores que te dejen elegir hasta dónde leer. Como un Elige tu propia aventura, pero de límites.
Muchos cuentos me gustaron de este libro. Muchas frases, montones de situaciones. Y lo mejor es que solo son nueve cuentos, tan solo, nueve historias que parecen conectarse por más de un costado.
Si en el anterior libro la presencia femenina era la más importante, aquí lo es la de los niños o adolescentes. Su inocencia, la inminente pérdida que nosotros, ya adultos, percibimos y tememos.
Leyendo por ahí sobre este libro, tratando de entender que entienden los otros, encontré muchas veces la palabra sordidez. Me gusta mucho esa palabra.

Antología de la Literatura Fantástica
Adolfo Bioy Casares, Jorge Luis Borges y Silvina Ocampo

Un power trío de inteligentes y una selección de cuentos amplísima. Ni más ni menos.
Atemporal, puesto que fantaseo hubo en todas las épocas y latitudes, diverso, siendo un campo tan amplio que permite la convivencia de historias casi míticas, casi místicas, casi paganas, casi premonitorias, adictivo, con esa adicción que todo lo fantástico nos genera.
Suficiente.

Escritos 1975-2005
Mauricio Kartun
Colihue

Ya había hablado de Mauricio en mi momento de mayor enamoramiento hacia su persona. Porque además de dramaturgo, además de investigador, además de director teatral, es un maestro. Un maestro querible, de los que enseñan sin demandar, de los que le dan a cada alumno su tiempo para aprender.
Su lenguaje y sus expresiones son clarísimas. Le saca al teatro esa solemnidad que a veces parece tener para quienes no lo conocen mucho. Su libro es un libro de iniciación entonces. Pero no solo en lo teatral, en las técnicas, en el saber y en el decir, sino en la ética.
Quizás lo más importante de este libro es que nos muestra una ética de trabajo, la de un hombre que la piensa como una parte fundamental de su obra y trata de contagiárnosla. Y no se equivoca.

La fiesta de cumpleaños y otros
Harold Pinter
Losada

Otra primera vez.
Es tan difícil leer teatro. Hasta para quienes lo disfrutan, a  veces hasta para quienes lo escriben.
Dudé mucho en la feria del libro teatral. Dudaba y no sabía qué elegir. Cuando uno es ignorante de un género se vuelve todo un trabajo decidirse. La fiesta de cumpleaños me sedujo por su contratapa, por el nombre de Pinter y porque en ese momento estaba escribiendo una obra de teatro que transcurría el día de un cumpleaños.
Pinter superó ampliamente mis expectativas. No podría describir situaciones en particular, argumentos de las obras, porque me resultan muy abstractas, muy irreproducibles. Es desolador, es insólito, es absurdo, es perturbador.
¡Y ahora quiero ver representada alguna de estas obras!

Merci!
Decur
Ediciones de la Flor

Ya lo recomendé en el momento en el que me lo obsequiaron, pero insisto. Observen a este muchacho que dibuja paisajes extraños, personajes particularísimos, atmósferas inquietantes, mezclando humor, ternura y una pizca de lo siniestro.

(continuará)

sábado, 15 de diciembre de 2012

SOY DE ESAS


Que siempre se ensucian la ropa con dentífrico.

SOLITA AL SPIEDO



6:30 suena el despertador. Fiaca habitual de costado. El “dos minutos más”.
Jorge Luz aprieta a Soledad Silveyra en una cocina. A Solita no se la ve muy conforme con la situación. Mi viejo opina que “esas tetas no son las suyas”. Reparo en ellas: le fueron puestos dos pezones siniestros*, duros, de cotillón.
Al mejor estilo “hombres asesinos”, Jorge la arrastra hacia donde, deducimos, está la cocina y piensa meterla y cocinarla. La discusión del pezón (que en algún momento dejé de oír, como dejo de oir en la vida real las discusiones que no me importan) vira hacia una nueva sobre cómo va a hacer Jorge para meter una mujer entera dentro del nombrado artefacto.
Mi hermana aporta un “quizás la cortó al medio y no nos dimos cuenta”. Mi padre refuta con un “no es tan fácil cortar al medio a nadie”. Mi hermana retruca “puede ser que la haya untado con algo para que se ablande”. Mi padre no parece conforme y remata con algo así como “no creo que haya quedado rica”.
6:50 me despierto.  

*Si algún día tengo una banda le voy a poner ese nombre.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

EL TIEMPO


Él hace como que no vio nada.
Una señora busca conversación en la parada del colectivo.
A ella le molesta pero no lo va a reconocer.
La gata desiste de su idea.
Ya ni siquiera los Jueves se le pasa.
Su hijo le desprecia la comida.
Nadie quiere convidarle una aspirina.
Cuando sonríen para la foto se le cierran los ojos.
Entre todos cantan el feliz cumpleaños.
Le cuenta que le pusieron Vera por la abuela.
Se queda firme junto a la puerta y silba.
Todos miran el cartel con los números que cambian.
Las secretarias juegan con sus zapatos bajo el escritorio.

(Escritura automática)

RECIPROCIDAD

Cuando sueño con Coco no le cuento que se murió, para que no se ponga triste.
Cuando me despierto pienso que, de todas maneras, el seguro diría "no me macaniés" o "y bueno, qué va a ser".
Y, entonces, a mi tampoco me dolería.

GESTOS DE AMOR

Él me dolía. Me dolía en todos lados. Pero me salía por los ojos.
Faltaba mucho viaje y ya hacía mocos. Dura en el asiento. Me tapaba la boca, pero no pensaba decir nada.
Ella apareció. Como todo aparece. Nos separaba un pasillo.
A los pañuelos me los apoyó en el regazo. Al amor me lo dio todo entero. Dijo sin decir, despacito:
-No te voy a preguntar por qué.

NO SE DISCUTE

Guiso de lentejas.
Los hombres son más lindos con bufanda.
Dormir es placentero.
Vino tinto.
Taparse hasta abajo de la naríz.
No transpirar continuamente.
Usar botas.

Sólo algunos argumentos que aportan clara evidencia de la superioridad del invierno.

MANTRA

Mandinga
Miga
Morondanga
Migrar
Muerte
Mondongo
Mitralgia 
Mecenas
Málaga
Morboso
Milagros 
Magnánimo
Melocotón
Mixto
Maldigo
Melaza
Minga
Masticar 
Mesopotamia
Momo 
Manipulable
Mierda
Mafia
Melancolía
Mensonge
Milanga
Moumoute 
Madagascar
Mustio
Mimar
Memoria 
Martirio 
Masacre
Menta
Mito
Marsala
Mortaja
Misterio
Maquiavélico
Miau
Metalúrgico
Magnolia
Multiplicidad
Método
Místico
Mandrágora
Mientras
Mentir
Maleficio
Microbio
Manuscrito
Mar 
Médula 
Mio 
Mambo
Mecanografía 
Mandarina
Milésima
Marginal 
Migraña
Medieval
Maracuyá
Mediocre
Miocardio 
Marihuana
Mullido
Monogamia
Magenta
Mitología
Malgré
Masculino
Mermelada
Mal
Mapamundi
Música 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

IRSE DE TEMA


Me gusta la palabra parloteo, así como me gusta la palabra locutor, como retumbando la R, locutor… y me gusta más la palabra interlocutor… como si la R sonara más todavía, interlocutor… usted es interlocutor… yo que soy más bien oreja, muevo la cabeza mientras le hago el dobladillo, tengo siempre alfileres apretados en los labios, sólo muevo la cabeza, tenga o no tenga alfileres, los labios hay que tenerlos cerrados, no vaya a ser cosa que una diga lo que no debe… desde chica, con las clientas lo de los alfileres resulta… y mire que por estos lados se escucha de todo, pero yo, una tumba, una tumba con alfileres, los alfileres son como las flores en esta boca de tumba.
Pero ahora que se fueron aprovecho para mover las cuerdas. No sé si se da cuenta de que cuando hablo muevo cuerdas.
Esas cuerdas que nadie ve pero tiemblan… como esa vez que un hombre me acarició la garganta y las cuerdas temblaron en un sonido mudo, como un quejido seco… y pensé, si se da cuenta, que vergüenza, que falta de recato, cuerdas traicioneras…
Como las cuerdas de los violines y guitarras… esas cuerdas que suenan en las películas cuando las parejas se tocan… esas cuerdas no sonaron cuando me tocó. Me refiero a que esperé que una música de violines nos envolviera pero no… se oía el sonido de su respiración cerca de mi cara y el quejido que venía de mi garganta… será porque yo no estaba preparada, era una purreta que poco sabía de esos menesteres… tampoco supe mucho más después… debió ser por la incomodidad del momento que no se volvió a repetir… fue durante el carnaval… después de un baile… en un rincón en el club… yo tenía la cabeza llena de espuma y papel picado… él se ofreció a limpiarme y le dije que sí, que claro, sin saber que no tenía intenciones santas para conmigo, así son los hombres… era buen mozo… ahí contra la pared, con su aliento cerca, lo pude ver bien… debió ser el quejido que me salió de la garganta lo que hizo que me soltara. Como si tuviera miedo de haberme acogotado. Me miró mientras se alejaba y dijo algo que no entendí por el ruido de una comparsa que pasaba, lo vi cuando se alejaba corriendo… y la garganta me quedó como afiebrada… durante días usé un pañuelo de seda atado para aflojar ese dolor…
Me voy de tema.

Fragmento de "Nada del amor me produce envidia", Santiago Loza.

SOY DE ESAS

Que se meten con aires de enajenada y de cabeza en el bolso/mochila/cartera para buscar algo.

HORROR

Hoy lo oí por primera vez.
El tremebundo Negri, el infaltable de las oficinas.

ASI

"Yo soy una computadora" dijo el tipo que estaba parado en el andén.
Y ahí va la boluda a la que le gusta descontextualizar y hace un chiste mental al respecto.
Cosas así alegran la vida.
 

NOSOTRAS


Nos hacemos las difíciles, las inclasificables.
Nos reconocemos, a veces nos vemos lindas.
Nos pensamos inusuales, nos da casi vergüenza sentirnos diferentes.
No nos importa.
O nos espiamos, o nos miramos descaradamente, despelucadamente.
No nos peinamos, no nos hace falta.
Nos advertimos raritas para algunas otras mujeres, las más peludas.
Nos declaramos la excepción.
Nos hacemos las superficiales, nos sale.
Nos proponemos convencer a los hombres de que así está más bueno.

Nos miramos entre nosotras, las chicas de pelo corto.

martes, 20 de noviembre de 2012

EL ENCANTO DE LO INCONCLUSO


XII

Marina vuelve a contarme de la voz sensual que ondula. El miedo a ser ella misma y la voz sensual que ondula son sus temas recurrentes. El miedo a ser ella misma, debido a la vehemencia y al nivel de reflexión que requiere, es para ocasiones de sobriedad. La voz sensual que ondula, como toda idea primitiva e improvisada, se presenta en situaciones de extrema ebriedad. No le cuesta a Marina llegar a tales situaciones. A mí tampoco.
- Al final somos todas iguales – Sentencia.
Y yo le digo que sí. Juego a generalizar y le digo que somos todas iguales. Y avanzo más allá y le digo que por eso sabemos qué es lo que la otra quiere. O necesita. O desea. Me pregunto cómo llegó la palabra deseo a mi boca. Siento que es la primera vez que la digo: deseo. Se me desliza por la lengua como algo que se derrite.
- Qué es lo que me gusta. A la otra no, a mí. – Me corrige.
Aunque no me preguntó nada, abre grandes los ojos, arquea las cejas y espera. El pedido de su mente no llega hasta sus labios. Pero yo la escucho. La escucho porque yo también soy mujer, porque yo también tengo miedo.
Me gustaría hacer muchas preguntas. Tener la boca decidida de Marina para, frente al miedo, preguntar. Me gustaría saber. Un poco, no completamente o del todo, hasta cierto punto. Me gustaría realmente creer que somos todas iguales y no tener que estar borracha para convencerme. Me gustaría creer que alguien sabe de mi deseo.
Me gustaría que a ella también se le deslice en la lengua como algo que se derrite.

lunes, 19 de noviembre de 2012

EL MIERCOLES VOY A ESCUCHAR A ESTE SEÑOR

En el marco -siempre quise usar esa expresión- del Mauri´s Fest.
Lo más lindo de ir a los festivales de Macri es que cuando lo nombran todos silbamos.
(y por cuarenta pesiños vemos a grossos músicos). 



PARECE QUE ESTA POR TODOS LADOS Y ACA TAMBIEN

Porque me cayó simpático.
Y porque banco a las campañas de concientización que usan como herramienta el humor y no el miedo deliberado.
¡Que solemne que sonó!
Atenti con el que vendió sus riñones, tiene el mejor pasito de baile, lejos.


La letra, por si son medio reacios a la escucha del inglés, laik mi:

Set fire to your hair
Poke a stick at a grizzly bear
Eat medicines that's out of date
Use your private parts as piranha bait
Dumb ways to die, so many dumb ways to die
Get your toast out with a fork
Do your own electrical work
Teach yourself how to fly
Eat a two week old unrefrigerated pie
Dumb ways to die, so many dumb ways to die
 Invite a psycho-killer inside
Scratch your drug dealer's brand new ride
Take your helmet off in outer space
Use your clothes dryer as a hiding place
Dumb ways to die, so many dumb ways to die
Keep a rattlesnake as pet
Sell both the kidneys on the internet
Eat a tube of superglue
"I wonder what's this red button do?"
Dumb ways to die, so many dumb ways to die
Dress up like a moose during hunting season
Disturb a nest of wasps for no good reason
Stand on the edge of a train station platform
Drive around the boom gates at a level crossing
Run across the tracks between the platforms
They may not rhyme but they're quite possibly
The dumbest ways to die, so many dumb ways to die

PORQUE ME GUSTA Y ME GUSTA

¿Dónde pongo lo hallado?
En las calles, los libros
La noche, los rostros
En que te he buscado
¿Dónde pongo lo hallado?
En la tierra, en tu nombre
En la Biblia, en el día
Que al fin te he encontrado
¿Qué le digo a la muerte, tantas veces llamada a mi lado,
que al cabo se ha vuelto mi hermana?
¿Qué le digo a la gloria, vacía de estar solo,
haciéndome el triste, haciéndome el lobo?
¿Qué le digo a los perros, que se iban conmigo
en noches perdidas de estar sin amigos?
¿Qué le digo a la luna, que creí compañera
de noches y noches sin ser verdadera?
¿Qué hago ahora contigo?
Las palomas que van a dormir a los parques
ya no hablan conmigo
¿Qué hago ahora contigo?
Ahora que eres la luna, los perros
las noches, todos los amigos.
¿Qué hago ahora? (Dónde pongo lo hallado) - Silvio Rodríguez

martes, 13 de noviembre de 2012

NO NECESITO SABER NADA MAS PARA DARME CUENTA DE QUE NO NECESITO SABER NADA MAS

Gestión de recursos humanos: Acá sobra alguien en el mundo que sos vos, nada más. O sea, andate del mundo, mirá como te lo digo!

Como todo rechazo absoluto, debe ser un tanto infundado. Supongo se relaciona con el hecho de que me confundan, que no entienda la lógica que manejan, que sospeche que ni ellos mismos la entienden, que responden a los intereses -por lo general funestos- de las grandes empresas, que se hagan los que trabajan con vos cuando en realidad trabajan de hacerte trabajar de la peor manera a vos.

Nunca los quise. Esta semana menos. Estoy enojada. Fui a una entrevista de trabajo y la selectora -ya ese mote lo dice todo- me trató tan pero tan mal que no sé si me da más verguenza rememorar las cosas que insinuó, la forma en que me juzgó y su integral actitud pedante, o rememorar mi falta de reacción frente a todas y cada una de ellas. Este delay emocional que me caracteriza, una vez más me jugó en contra.

Entre las cosas que criticó de mi persona -solo en ésta en particular le doy la ¿razón?- se destacó la supuesta falta de interés que demuestro hacía el lugar donde me postulé para trabajar, no habiéndolo gugleado previamente ("o buscado en una biblioteca, o investigado de alguna otra manera", propuso ella). Es cierto, me chupa un huevo el lugar donde voy a trabajar. No me importa la cantidad de gente que tiene empleada, si es una empresa internacional o no, si contrata personal calificado, ni toda la serie de preguntas que mi querida selectora desplegó a modo ilustrativo. Quiero saber dónde trabajaré, cuántas horas y días y cuánto me pagan a fin de mes. No mucho más. ¿Sabés por qué? Porque tengo dos datos: empresa internacional, que se encarga -entre otras mierdas empresariales- de auditorias. No necesito saber nada más para darme cuenta de que no necesito saber nada más. Me reservo mi curiosidad para cosas curiosiantes. Por lo menos, lo intento.

El hecho de que haya mal utilizado a Alicia en el Pais de las Maravillas, fue otra cosa que me alteró bastante. Lewis Carrrol se revuelva en su tumba. Y vos, lavate la boca antes de hablar de Alicia, porque no tenés ni idea de qué se trata. El hecho de que la uses como metáfora de algo ideal, da la pauta de que no entendés nada al respecto.

(de repente la bronca -y por una vez voy a respetarla y darle lugar- me hace establecer esta especie de monólogo dedicado)

Por suspuesto que, más tarde, la guglié. El resultado: Diversos comentarios buchones en facebook, aplausos a los comentarios botones ajenos, quejas y más quejas, consultas utilísimas y un lema de vida: La imagen lo es todo! :) (sic).

A veces me pregunto si yo soy muy pelotuda o el mundo está muy equivocado.

lunes, 12 de noviembre de 2012

LEY 976.320


Siempre que veas un cartel publicitando la llegada de las agendas del año que ¿vendrá?, un ligero estremecimiento recorrerá tu columna vertebral.

martes, 6 de noviembre de 2012


Calor devuélveme mi vida.
No era la mejor, pero era mía.

LIMBO

Lumbre
Ligamento
Latitud
Lúcido
Llanto
Lento
Lobo
La Luchi
Lisboa
Lúdico
Lentejas
Lumínico
Lanús
Lógico
Lícito
Libro
Límite

Labios
Laburo
Lacónico
Lana
Lápida
Léxico
Lágrimas
Lasagna
Lector
Ligero
Legítimo
Limón
Leitmotiv
León
Lesbiana
Libélula
Luxemburgo
Lanolina
Liberación
Libación
Linóleo
Liar
Litografía
Lípidos
Lituania
Lívido
Logaritmo
Lsd
Lúgubre
Lunático
Letras
Lunes
Luxación
Lírico
Leer

martes, 30 de octubre de 2012

URSULA ES NOMBRE DE BRUJA


Una vez más, gracias al amigo Biciman pude ver otra película de quien se convirtió en este último tiempo en una de mis directoras favoritas de los últimos tiempos (valga la redundancia).

Su nombre es Ursula Meier y recomiendo ampliamente sus dos películas Home (2008) y L´Enfant d´en haut (2012). Antes de ellas filmó un tele film -que expresión galleguísima-, un documental y varios cortos, que no recomiendo porque aún no ví.

Su especialidad son las familias disfuncionales y su mayor talento -a mi entender- su mirada dardenniana que no juzga a los personajes: muestra su cotidianeidad, exponiendo así sus más grandes miserias, incapacidades y contradicciones.

En ambas, la fotografia es una cosa de locos a cargo de la genial Agnès Godard.
Ah, y las bandas sonoras son muy buenas también.
Pedir más es un exceso.

Listo, te las vendí.

Aclaración: Son para consumir en estado no depresivo, de lo contrario te sacarán un toque las ganas de vivir. Un toque.




EL SUEÑO DEL SUEÑO DEL SUEÑO DEL SUEÑO

El ciervo escondido

Un leñador de Cheng se encontró en el campo con un ciervo asustado y lo mató. Para evitar que otros lo descubrieran, lo enterró en el bosque y lo tapó con hojas y ramas. Poco después olvidó el sitio donde lo había ocultado y ceyó que todo había ocurrido en un sueño. Lo contó, como si fuera un sueño, a toda la gente. Entre los oyentes hubo uno que fue a buscar al ciervo escondido y lo encontró. Lo llevó a su casa y dijo a su mujer:
-Un leñador soñó que había matado a un ciervo y olvidó dónde lo había escondido y ahora yo lo he encontrado. Ese hombre sí que es un soñador.
-Tú habrás soñado que viste un leñador que había matado a un ciervo. ¿Realmente crees que hubo un leñador? Pero como aquí está el ciervo, tu sueño debe ser verdadero- dijo la mujer.
-Aun suponiendo que encontré al ciervo por un sueño -contestó el marido-, ¿a qué preocuparse averiguando cuál de los dos soñó?
Aquella noche el leñador volvió a su casa, pensando todavía en el ciervo, y realmente soñó, y en el sueño soñó el lugar donde había ocultado el ciervo y tambien soñó quién lo había encontrado. Al alba fue a casa del otro y encontró al ciervo. Ambos discutieron y fueron ante un juez, para que resolviera el asunto. El juez le dijo al leñador:
-Realmente mataste al ciervo y creíste que era un sueño. Después soñaste realmente y creíste que era verdad. El otro encontró al ciervo y ahora te lo disputa, pero su mujer piensa que soñó que había encontrado un ciervo. Pero como aquí está el ciervo, lo mejor es que se lo repartan.
El caso llegó a oídos del rey de Cheng y el rey de Cheng dijo:
-¿Y ese juez no estará soñando que reparte un ciervo?

LIEHTSÉ. filósofo chino de la escuela taoísta. Floreció (¿?) hacia el siglo IV, antes de la era cristiana.

(De Antología de la Literatura Fantástica; Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo, Editorial Sudamericana)

viernes, 26 de octubre de 2012

YO SOY QUIEN VOS CREES QUE SOY, PERO DIFERENTE


Fui a ver Infancia Clandestina con Roberto y Silvia.
No lloré -increiblemente-.
Pero ahora extraño al Tío Beto, y me duele la panza.






(veanlan!)
Quizás no exista el desamor, ni el dejar de querer.
Quizás sea empezar a sentir que el otro es un extraño.

DE BURZACO A LANUS

Hacía mucho tiempo que no la usaba para algo tan digno. Fue un gesto de esos, demasiado espontáneo para considerarlo adulto. Me salió de la boca medio reseca, roja, caliente. Tomó fresco durante casi una cuadra, con intervalos. Después fue parte de una risa que se manifestó en forma de carcajada durante otra cuadra más.

Canjeaba smog y ruidos molestos por el -muy romántico pero no menos desdeñable-  empedrado. Menguaba con alguna veredita y así iba, disfrutando de andar en bicicleta, como se dice, “por adentro”. Le hacía burla al “por afuera” de la avenida y sus impaciencias.

(Siempre pienso que, si dejara de vivir en el sur, extrañaría como pocas cosas ver a la gente en las veredas, terminando el día-día. Como salen con los primeros calores a tomar el fresco, a cuidar a los chicos mientras andan en bici por la vereda. Verlos cortando el pasto, ver a los viejos que te saludan aunque no te conozcan, con una inclinación de cabeza que significa muchas palabras. Creo que es lo único que extraño del calor cuando éste no está.)

A la altura de Adrogué, en una de esas calles empedradas, esperábamos para cruzar. Un auto y yo, detrás otro más que presentí, luego confirmé su odiosa presencia. La demora que tuvimos en arrancar fue casi una sensación. Fue un segundo en el que me rasqué un cachito más un brazo. El tipo del auto de al lado no sé qué estaría haciendo. Yo me rascaba los brazos. La transpiración y el material del saquito que llevaba puesto parecían provocarme una especie de alergia. Ya se sabe, en cuestión de rasquidos un segundo o un milímetro más (o menos), hacen la diferencia.

De nuestro (cuando estoy en ese estado siento que no me pertenece solamente a mi, que es nuestro) idilio nos saca un estrepitoso bocinazo. Es el tipo de atrás, claramente, el de la odiosa presencia. Me doy vuelta y le digo “¡Pasá! ¿Tan apurado estás?”, que es una pregunta muy boluda que suelo hacer en tales circunstancias. Pregunta que, si la escuchara en boca de otra mujer me daría ternura. En la mía, casi vergüenza de no tener una réplica superior. El tipo me pasa y, mientras, suelta un “¿Por qué no vas a andar a la plaza?” o algo así. Yo pienso: ¿Me manda a la plaza porque considera que mi nivel de pedaleada es muy de –digamos- recreación para una calle transitada por gente tan apresurada como él? O…. ¿me envia a la plaza porque piensa que estoy gorda? Está bien, ambas son válidas, estoy un tanto vaca.*

Y ahí, surge ella. Emana, como de las tinieblas. Sin presentarse, sin pedir permiso. Brota de los rincones más recónditos, como una duda. Mi lengua mía es sacada, se sale de mi boca y se ofrece a la vista del conductor, quien acelera y se pierde a lo lejos. Como la quise a mi lengua esas dos cuadras.

*La premisa dos luego fue anulada. Me ligué unas cuatro o cinco “chau hermosa” y afines en el trayecto a mi casa. Toda mujer sabe que tres o cuatro chauhermosas le recontra ganan a un insinuado gorda. O eso nos encanta creer.

martes, 16 de octubre de 2012


El otro día, en la estación de Lanús, me habló por un ratito un loco.

Señor grande él, con camisa y bajo el brazo una de esas carteras de cuero de hombre que me hacen acordar a mi abuelo Pedro.
Me abordó súbitamente, empezó a hablarme de la bici, de que bien que hace andar en ella. Parecía un promotor macrista (es frívolo, pero una de las cosas que más odio de la Macri gestión es asociar algo tan sublime como una bicicleta con un hijo de puta semejante).
Después me preguntó si tengo novio. Estaba preocupado por la violencia de género: nombró diversos casos de hombres que atacaron o mataron a sus mujeres. Me dijo que una vecina de él dejó a un novio que tenía a la primera escena de celos que le hizo. Según él estaba bien, para muestra basta un botón.
Continuó con una teoría sobre los objetos y las personas, la manera en que éstos importan más que aquellas hoy en día, la diferencia entre su época y la actual (siempre me llama la atención como la gente grande utiliza el término "mi época", como si fueran muertos vivos, como si el tiempo actual ya no les perteneciera).
Antes de irse, se despidió. Alberto se llamaba, se llama. De mi nombre opinó "Carla, sos italiana -una mezcla entre interrogación y admiración, un símbolo que aún no se inventó- felicitame a tus padres, no te pusieron ni Rosa ni María y encima tenés los ojos verdes. ¿Coincidimos?".
La expresión coincidimos, muletilla que yo le detecté enseguida que empezó a hablarme, había acompañado cada uno de sus temas -mi participación fue bastante limitada- como una invitación grata o como una intimación a no pensar distinto.

Me di cuenta que estaba loco porque me preguntó muchas cosas y porque me contó muchas otras a una velocidad descontrolada, hilvanando frenética e ilogicamente diversos temas, sacando conclusiones desmesuradas, apelando a frases hechas y a lógicas deshechas, buscando la coincidencia. Como en el juego de las siete diferencias, pero al revés. Ese coincidimos parecía pedir algo desesperadamente, un lugar en común, una complicidad, un consuelo.

En realidad, no sé por qué me di cuenta que estaba loco.

LA PROXIMA VEZ, NO HABRA PROXIMA VEZ


1. Esa sensación similar a la inminente separación con una pareja. Esa mezcla entre incertidumbre, alivio, ansiedad, tristeza. Ese querer que termine ya, pero que no termine. Esa insatisfacción, ese desorden.

2. Si hay algo que reconocerles a los norteamericanos, además de su capacidad para inventarse enemigos y consumir alimentos que tapan las arterias, es la calidad de sus series televisivas.

3. Las corbatas y camisas de Silvio.
Los trágicos amantes Christopher y Adriana.
El inescrupuloso hasta la náusea Paulie.
El romántico encubierto Furio.
La obsecuente Carmela.
La recalcitrante Janice.
El atribulado A.J.
El depravado Ralph.
El corrompible Artie.
La Dra. Melfie, ella toda.

Contradictorios, como la gente misma.

4. Hay quienes dicen que para cada situación de la vida hay una escena de Los Simpsons. Me atrevo a decir que para cada contradicción de la vida hay una escena de Los Soprano.

(Casi casi que termino de verla)


viernes, 12 de octubre de 2012

EL ENCANTO DE LO INCONCLUSO

XI

Marina los mira y me dice cómplice:
- Y bue, no se puede comer pizza de rúcula y jamón crudo todos los días.
El marido de La Típica abraza a su mujer y le pregunta como la pasó, como un padre a su hija que vuelve de un cumpleaños. Ella se suelta del abrazo para alzar al más chiquito y lo llena de besos. Con un tono maternal entre didáctico y automático, un tono que no espera respuesta (por obvios motivos de falta de oralidad de su pequeño y (no todavía) interlocutor) le responde a su niño lo que su marido le preguntó:
- ¡Fuimos a la playa con las chicas!... ¿Vos que hiciste con papá mi amor?, ¿Ustedes también fueron a la playa?, ¿Se divirtieron?, ¡Que bueeeeeeno!
El niño le toca la boca, como sin comprender por qué su mamá volvió tan llena de sonidos. Balbucea cosas sin sentido. La Típica parece comprender porque sonríe y le contesta. El otro niño la reclama desde el piso. El marido le sigue hablando, recibiendo las respuestas a través del embudo humano de sus hijos. Me canso solamente de verlos. Marina charla con los nuestros. Parece aliviada de volver a verlos, como si hubiéramos hecho un largo viaje.  
Nos despedimos.
Marina no quiere irse a dormir, está entusiasta, dice que manejar la pone activa.
Propongo ir a cenar y después de copas. Alego falta de atención, argumento  que ya salieron solos y ahora nos toca a nosotras, reclamo una salida de cuatro, que hace mucho que no.
No entiendo por qué digo lo que digo.

lunes, 1 de octubre de 2012

KARMA

Kinesis
Kuwait
Kikiriki
Kiwi
Kurdo
Káiser
Kant
Kilogramo
Kayak
Kamikaze
Kerosen
Kepi
Koala
Karate
Kibbutz
Kermés
Kilómetro
Kinetoscopio
Kit
Kischt
Kamasutra
Ketchup
Kimono
Kremlin
Kinesiología
Kung Fu
Kioto
Karaoke
K

martes, 25 de septiembre de 2012

LEY 57.987

Siempre que reclames que te respondan, la respuesta que recibas será mil veces peor que la angustia que experimentabas cuando no te contestaban.

CONDUCTA DE PATRONES III

El tercero fue R.
R. era un coleccionista de cosas beatles, creo que con eso digo mucho. Su local en el Paseo La Plaza evadía -evade, supongo- impuestos a morir. No sacábamos una factura por nada del mundo, a las mesas les cobrábamos con un papelito hecho a mano. La gente pagaba, sin excepción, entrada por entrar y  consumición por consumir. Los sábados había cuatro o cinco funciones entre stand ups y bandas de mierda, por lo tanto la recaudación era inmensa.
A las camareras nos pagaban por comisión: depende de cuánto vendiéramos cobrábamos un determinado porcentaje. Además de ese porcentaje, por día ganabas treinta pesos fijos, lo mismo que te salía una birra en un bar. Por ende, la papa era vender.
R. tenía mucha plata, pero vestía tan mal. Usaba unas camisas cuasi hawaianas que no dejaban de sorprenderme por su fealdad. Parecía salido de otra época, pero no podría precisar cuál: la época en la que la gente se vestía con ropa horrible quizás.
La hacía muy bien R., casi ni figuraba, jamás se dirigía a sus empleados. Para hacer el trabajo sucio tenía a su mano derecha, un pelado cuyo nombre resetié de mi mente. Solo recuerdo su apodo: Random. Casi que él mismo se había bautizado así el día que encontró a varios compañeros míos fumando en camarines y sentenció seriamente -o parecía convencido de ello- que "de ahora en más voy a estar en random", lo cual significaba que iba a aparecerse a cualquier hora, en el momento menos pensado, para controlarnos. Por supuesto que todos los momentos pasaron a ser "el menos pensado" y por supuesto que Random, que con esta amenaza estaba casi anulando su accionar, mantuvo su estado aleatorio por poco más de una semana.
Porque la persecución es la mejor amiga de un (mal)jefe. Es infalible y los exime de actuar. Al mismo tiempo actúa como una especie de "yo te avisé", un triunfo maligno que genera que, si alguna vez se constata que te mandaste una verdadera cagada, esa cagada representará al millón de cagadas que te debés haber mandado.
Random entraría en la categoría supervisores, uno de los peores que conocí. El tipo se sentía el dueño, por lo cual deducíamos que cobraba mucha plata. Si te tocaba trabajar a la mañana en el café de al lado, propiedad de R. aussi, lo encontrabas desayunando junto a su notebook cual accionista de Wall Street controlando sus acciones. Era un tipo frío, no se reía mucho en el trabajo. Parecía tomarse todo muy en serio, hasta lo más ridículo. Utilizaba mucho la primera persona del plural, para acciones de las cuales claramente él no iba a participar. Utilizaba expresiones pseudo-policiales o mafiosas -¿existe alguna diferencia?- como “vamos a implementar”, “a partir de ahora la metodología será”, “es  importante que tengan una respuesta positiva”, “¿nos entendemos?”.
Era muy alto y cuando te hablaba te tocaba el hombro.       
Existían otros encargados de menor rango: la copadísima que te pedía todo con una sonrisa y se iba a tomar birra con vos a la salida -que no entendías cómo había sobrevivido tanto años ahí-, el negro racista que no perdía oportunidad de ser desagradable, el centroamericano explotado –si es que era posible ser más explotado aún que todo el resto de nosotros- , la gorda resentida de la vida que disfrutaba haciéndote sentir una basura y algunos personajes más porque, como en cualquier negocio de ese estilo, los empleados íbamos y veníamos como maleta de loco.
Para renunciar, le mandé un mensaje de texto a la gorda resentida. "No voy más, adónde te mando el telegrama?"
 

martes, 11 de septiembre de 2012

JOCOSO

Jamás
Jurisprudencia
Jalar
Jengibre
Jazz
Jónico
Jugar
Jusque
Justicia
Jungla
Jardín
Joven
Jamón
Jorobado
Jején
Jerarquía
Jamás
Jaguareté
Jadeo
Jaén
Jacarandá
Jaleo
Jazmín
Jeringa
Jirafa
Joropo
Jugoso
Junco
Juntos

CONDUCTA DE PATRONES II

Los segundos fueron tres: L., N. y R. Hermanos.
L. fue el mejor jefe de mi vida. Claro ejemplo de que con picardía la vida es mejor.
L. podía hacerme barrer la vereda, pedirme que le vaya a comprar puchos al kiosco, yerba al supermercado o que le entregue un pedido porque el delivery se había atrasado. Podía pedirme casi cualquier cosa porque a cambio yo tenía una oreja dispuesta a escucharme, una ayuda siempre que la necesitara, comprensión cuando las cosas se complicaban y una complicidad innata desde un principio y hasta el final. Ustedes podrán decirme “en mi barrio eso se llama ser obsecuente”, pero les juro que no, L. me trataba bien.
Aunque todas estas características no eran lo que mejor me caía de él, porque lo realmente mejor de L. eran sus historias. Para todo tenía una. Dada la impresión de que había estado en todos lados y con todo el mundo. La primera que se me ocurre –aunque dudo su completa fidelidad en los vericuetos de mi memoria- transcurría en el sur del país e involucraba a unas prostitutas que compartían el mismo edificio con él y le habían obsequiado una televisión -¿?-.
Me acuerdo de cómo limpiaba sus anteojos, de cómo se paraba y miraba por la ventana con las manos en la cintura y de su risa, tenía una risa muy cálida.
En los dos años que trabajé con él –quizás esa sea la diferencia entre un buen y un mal dueño: sentir que se trabaja con o para- no dejó de burlarse de que no me duraran los novios,  escuchamos desde supertramp hasta aquelarre, hablamos de cocina, de cine, de política –L. era radical a morir, y siempre terminábamos discutiendo- y nos reímos mucho.
N. y R. no eran tan geniales. N. tenía una actitud a la defensiva con las mujeres en general. O eso decidí creer para no tomarlo como algo personal. N. no era una mala mina pero no servía para manejar personal. Muchas veces los dueños no asumen que ser dueño no significa saber manejar personal y no saben correrse a un costado, o aprender.
N. era distinta cuando estaba con R. Era como una niña tratando de superar a su hermano en picardía. Era, como toda competencia, divertida hasta que se hacía feroz. Porque R. era un tipo difícil. R. no tenía medias tintas. O estaba cagándose de risa o sumido en la más profunda depresión.
La más grande preocupación de R. era la guita. Para él, comprar un detergente de marca era perder plata, comprar un queso de mejor calidad era perder plata, mandar a hacer folletos era perder plata, tener más empleados era perder plata, mejorar el aspecto del negocio era perder plata. R. tenía una actitud entre distante y canchera. Cuando te preguntaba algo, aunque fuera lo más banal del mundo, parecía estar poniéndote a prueba. Se reía cómplice con N. y usaba mucho la expresión “nada, nada” entre risitas, como un adolescente. Cuando estaba en estado depresivo nadie se animaba a  hablarle. Se agarraba la cabeza y resoplaba, apoyado en el freezer. Te llamaba “negra”, ibas y te pedía alguna boludez o te decía “nada, nada”, pero ésta vez era un “nada, nada” que te incitaba a pensar que estabas incurriendo en alguna falta.
Una vez me dijo que estaban pensando en echarme porque había llegado tarde dos veces en una semana. Y eso era perder plata. Me pagaban por hora: ganaba exactamente lo que trabajaba, ni un centavo más ni un centavo menos y trabajaba no más de cuatro (¡cuanto extrañé eso más adelante!). Pero eso era perder plata
Me terminé yendo de aburrida nomás. El último sábado que trabajé, L. me acompañó, como siempre, a sacar la bici por la puerta grande. Me dijo que tuviera cuidado cuando cruzara la barrera.

SIEMPRE DISCUTIMOS LAS MISMAS COSAS

A propósito de la obra de teatro que vi ayer...



Una peli que, de alguna manera, había olvidado.

sábado, 8 de septiembre de 2012

CONDUCTA DE PATRONES I



El primero fue H.
H. era un new rich. Cuando lo conocí, recientemente había cambiado a su mujer por un modelo más nuevo. Había adquirido el paquete completo y salía con una flaquita copada con dos hijos. Cuando iban al negocio, a ella le costaba hacerlos salir de la cocina, obligarlos a que ese mundo - siempre más divertido- les resultara ajeno y prefirieran el afuera, sea lo que sea que ello significara.
H. prefería la milanga con papafritas pero debía demostrar adulación hacia el sushi, el palmito, el camarón, o lo más caro que hubiera a mano. Se encerraba horas en su oficina. Un sucucho inmundo como toda oficina de dueño, un reducto escondido detrás de –casualmente- el lugar donde todas sus empleadas nos cambiábamos.
Si H. te veía sin hacer nada te mandaba a sacar la basura o, en el mejor de los casos, te hacia una pregunta en tono amenazante como para que vos te des cuenta y empieces a hacer alguna boludez, pero alguna, algo, que te vea moverte. Porque con H. aprendí que si un patrón  te ve más de 5 minutos sin moverte significa que te está pagando para no hacer nada, y si te está pagando para no hacer nada es porque no te necesita.
Con H. también aprendí que un buen patrón nunca sabe el nombre de nadie, y si lo sabe disimula.
Algunas de mis compañeras, empleadas de larga data, lo alababan cual devotas. Lo abrazaban como se abraza en navidad a un tío con plata. Con los pibes de la cocina tenía esa actitud de camaradería, esa cosa canchera, esa hipocresía de ponerse en el lugar del otro, de preguntarles por sus hijos y mujeres para no escuchar la respuesta, de hacer de cuenta que entendía de qué le estaban hablando. Es que H. no daba la sensación a primera vista de ser un tipo con mucha guita. Su apariencia era sencilla, su porte vulgar.
Cuando H. iba a cenar al negocio y se sentaba en tu sector tenías que tener mucho cuidado. Era preferible descuidar al resto de los clientes antes que a él. O sea, perder muchas propinas en pos de ninguna.
Sobre H. circulaba una historia. Se decía que había comenzado su prolífica carrera vendiendo esponjas a domicilio en su modesto cochecito. No sabíamos bien cómo había terminado siendo dueño de los locales gastronómicos –y no- más promisorios de Adrogué.
Otra historia contaba que la forma de seleccionar a las empleadas era poniéndoles puntaje cuando iban a entregar su currículum. Sinceramente, hasta que no lo vi no lo creí.  
Colaboraba con H. en su colosal tarea una raza que llegaría a conocer en profundidad: la de los encargados. Los encargados –también llamados supervisores, coordinadores y demás eufemismos- son aquellas personas que cobran un poco más que el empleado común. Porque los encargados de común no tienen nada, son gente bastante particular en distintos sentidos. En esta primera experiencia disfruté de una amplia gama: el que invierte en el negocio y es como un jefe con onda, el sufrido que se pone la camiseta a morir y nunca recibe nada a cambio, el banana que es casi un sobrino del jefe y trae a sus amigos a tomar birra gratis, el perfil bajo que no te defiende de nada pero te hace sentir tranquila, el pajero que no puede hacer más que ser pajero porque su pajerismo absorbe todo su ser.
H. nos tenía a todas en negro, en su mundo no existían el aguinaldo ni las vacaciones y pagaba dos pesos la hora en una época en la que los puchos salían casi cuatro. Me acuerdo de trabajar dos horas y pensar “ya casi tengo los puchos”. Tristísimo. Alegaba para justificar semejante choreo que con las propinas uno duplicaba el sueldo.
Renuncié un domingo. Tomó mi renuncia uno de los encargados –el sufrido-. Me acusó de romper a propósito la noche anterior una caja de copas entera que subía por las escaleras. Las copas se me habían roto de lo nerviosa y aturdida que estaba. Apenas renuncié, me metí en la cocina para saludar a los pibes. Cuando me abrazó Tito me puse a llorar.